Luis Bonilla-Molina

El Madurismo no solo sepultó lo progresivo del Chavismo sino liquidó la democracia. Los eventos del 3 de enero, con la agresión norteamericana significaron un golpe profundo a la República y la apertura de una situación colonial que expresa de manera nítida la derrota histórica del proyecto bolivariano y del socialismo del siglo XXI que encarnó Hugo Chávez Frías. Esa es una realidad concreta para reformular la política desde los sectores democráticos, populares, progresistas y de izquierda. 

Esta derrota se expresa en la inexistencia de una respuesta autónoma, popular y autoorganizada en las calles contra la agresión militar y la situación colonial que pretenden imponer los Estados Unidos. El gobierno ha logrado organizar desde el aparato del poder menguadas movilizaciones sin espíritu combativo, la derecha quedó inmovilizada ante el reconocimiento de Trump a la Junta de administración colonial liderada por Delcy Rodríguez, la izquierda radical, anticapitalista y anticolonial tampoco logró movilizar a sectores populares, y el movimiento popular se activó este 2 de febrero ante su demanda más sentida, salario y mejores condiciones materiales de vida. La verdad sea dicha, aunque nos duela, no hay posibilidades en este momento de movilizaciones unitarias, que evidencien unidad nacional antiimperialista. A este desastre nos llevó el Madurismo.

La libertad de los presos políticos ha devuelto la esperanza, aunque el temor no se ha disipado porque los liberados salen con medidas cautelares que le impiden declarar y opinar. La perseverancia de las madres y familiares de los presos políticos ha logrado la victoria democrática más importante en los últimos años. Esto ha hecho, que la agenda democrática se ponga en primera línea.

No obstante, lo público, el ejercicio de la ciudadanía tocó piso, llegó a su mínima expresión, llevando a la desesperación colectiva, que se expresa en términos políticos en el hecho que una franja importante de la población, no solo de derechas, piense que el tutelaje norteamericano pueda ser mejor que el desgobierno madurista. Por eso no vemos grandes movilizaciones ni un frente nacional antiimperialista, negarlo es no comprender el momento político.

En consecuencia, la lucha por redemocratizar la vida social y política del país debe ser la prioridad en la agenda nacional, lo cual pasa por la reinstitucionalización de los poderes públicos y la apertura para atender las urgentes demandas sociales. Este es el único camino posible para abrir cauces a la conciencia y lucha anticolonial. Sin democratización de la sociedad venezolana será imposible recuperar la República.

En las experiencias colonialistas conocidas, el agresor auspicia la conformación de partidos políticos cipayos, por su naturaleza de aceptación de la condición colonial, a quienes consideran los interlocutores válidos; hoy, una parte importante de la clase política, la que está en el gobierno y sectores de la oposición funcional al estatus quo, pugnan por cumplir ese rol. En consecuencia, el desafío es edificar partidos políticos democráticos que realmente cumplan el rol de intermediación que permita de manera constructiva recuperar la República. Esto implica construir espacios de convergencia en la diferencia, organizar instrumentos políticos plurales, como la única forma de evitar que la redemocratización se oriente al auge de partidos  que promuevan la situación colonial.

No es fácil, porque venimos de décadas de polarización, de desencuentro, de abandono de la política como el arte de hacer posible lo imposible en favor de las mayorías. Para la izquierda no madurista esto implica superar la autorreferencia, el sectarismo y las poses de radicalidad sin capacidad de vincularse al movimiento de masas, pero también la defensa de la identidad, preservar el derecho a existir como opción de poder de los humildes, de los sectores populares, en el marco de una agenda imperial que puede promover que cualquier instrumento político referenciado en el socialismo sea proscrito.

Reinventar para no errar, el mayor desafío de la izquierda venezolana en un momento tan complejo como el actual.